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Se inauguro en 1938 el Hotel Termal El Sosneado

Publicado: 20/07/2012

Se inauguro en 1938 el Hotel Termal El Sosneado


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“Las mejores aguas radioactivas y sulfurosas, paisaje y clima ideales, hotel moderno, y confortable calefacción. Con ese slogan se inauguró en diciembre de 1.938 el Hotel Termas el Sosneado, una maravilla de arquitectura, lujo y confort para la cordillera del sur de Mendoza.Las bondades de estas aguas termales eran conocidas desde antiguas épocas, y seguramente fueron utilizadas por los nativos hombres americanos en tiempos prehistóricos.

El afloramiento de aguas termales se ubica junto al río Atuel, sobre la RutaProvincial Nº 220, a una altitud de 2.180 metros sobre el nivel del mar, a unos 60 kilómetros, hacia el noroeste de la localidad del Sosneado. El manantial, enclavado prácticamente al pie del volcán Sosneado, es seguramente relicto de las grandes manifestaciones ígneas producidas en la región y se suma al importante inventario termal de la zona de influencia del Atuel.

Don Alfonso Capdeville, fundador de la estancia El Sosneado, instaló en el lugar algún tipo de infraestructura para utilizar este recurso. De acuerdo con los antecedentes existentes la realización de estas construcciones y la utilización de las aguas termales respondía al espíritu filantrópico de don Alfonso, pues se permitía el acceso libremente a todo aquel que necesitara beneficiarse con aquellas aguas curativas

En diciembre de 1.938, la Compañía de Hoteles Sud Sudamericanos Ltda., subsidiaria la empresa ferroviaria de B.A.P. inauguraba con un gran despliegue publicitario y con la presencia de personalidades de distintas partes del mundo, aquellas lujosas instalaciones, dotadas de un confort inusitado en aquellas latitudes.

Este quijotesco emprendimiento, enclavado en una zona de una belleza incomparable, pero también con un clima riguroso y con rutas de acceso sumamente dificultosas, brindaba servicios acordes con las exigencias de los clientes que pertenecían a la alta sociedad mundial.

Mantuvo su actividad hasta mediados de la década del 50, en momentos en que se realizaron en la zona importantes adelantos como la instalación de moderna tecnología en la mina Volcán Overo, mejoramiento y construcción de puentes en la Ruta Provincial Nº 220, la construcción del ferrocarril entre San Rafael y Malargüe, el mejoramiento y construcción de puentes de la Ruta Nacional Nº 40, nuevas instalaciones en estancia y villa del Sosneado, incremento de explotaciones mineras, entre otros.
En 1953 fue alcanzado por un alud y a partir de ese año, y en una forma casi misteriosa, las lujosas instalaciones quedaron prácticamente abandonadas. Algunos cuidadores se mantuvieron algún tiempo mas, resguardando el hotel y todo su mobiliario, pero el paso del tiempo hizo que todo quedara solo.

Las posibles causas del abandono de la lujosa construcción fueron tema de comentarios durante muchos años entre los lugareños y los que llegaban. Algunos atraídos por las bondades de las aguas termales y muchos atrapados por el misterio que encerraba tanto lujo abandonado en medio de una geografía tan agreste.

El caso es que así poco a poco se fue disolviendo todo el esplendor que irradiaba para convertirse en el Hotel Abandonado, al cual aún hoy concurre gran cantidad de turistas a beneficiarse con las cálidas aguas que continúan aflorando junto a las ruinas de estilo nórdico, cargadas de misterios

FUENTE: www.oni.escuelas.edu.ar

Hotel Termas El Sosneado, del esplendor al abandono

Entre fines del ‘30 y mediados del ‘50 lo visitaban turistas extranjeros de gran poder adquisitivo. Hoy la gente ocupa sus instalaciones derruidas e inseguras como albergue. Se puede ingresar sin restricciones pero nadie controla.

Es difícil imaginar la belleza que rodea a un sitio de alta montaña como la zona suroeste del cerro El Sosneado -5.189m s/nm- (Sol naciente en lengua indígena) donde el río Atuel dibuja su paso entre cordones montañosos de nieves eternas. En esa inmensidad, y cerca del arroyo El Rosado que vierte sus aguas al río, se levanta un coloso de paredes de piedra que en la década del 30 marcó un hito en la hotelería de estas zonas.

Hoy enfrenta el paso del tiempo en forma de ruinas indefectiblemente condenadas a desaparecer. Paredes de piedras talladas a cincel, restos de cañerías galvanizadas de un diámetro importante, escaleras que comunican tres niveles y un gran salón comedor con una estufa a leña señorial hablan del lujo que supo ostentar el Hotel Termas El Sosneado. Al ingresar por lo que fue la entrada principal, donde hay una placa que dice: “Ryman o Dudley Arquitecto. Christiani y Nielsen empresa constructora”, una imagen similar a la que se muestra del Titanic hundido en el océano invade la mente.

Es que la destrucción ganó al sentido común. Ahora es un lugar derruido que sirve de peligroso albergue a los ocasionales visitantes que se interesan por recorrer sus amplias salas y los que fueron dormitorios. Las losas de los techos penden de hierros oxidados y algunos huecos han sido taponados improvisadamente lo que transforma al paseo en una trampa mortal. Nadie vigila ni controla y cada uno hace lo que le place.

Al este de esta construcción aún se levantan las murallas, también de piedra, que protegen una gran pileta con agua termal tibia que invita a un reconfortante baño en aguas sulfurosas. Esta vertiente sirvió y sirve de principal atractivo. A la pileta central la flanquean dos fuentes surgentes del mismo manantial. Todas tienen distintas temperaturas y de su superficie emana un fuerte olor que indica la alta mineralización del líquido.

Es común ver a personas en busca de alguno de los mentados resultados curativos o por el simple placer de bañarse después de una jornada de caminata o pesca.

La historia indica que entre 1938 y mediados de la década del 50, turistas de todo el mundo, con gran poder adquisitivo, pasearon por la zona y se alojaron en este hotel que, en su interior, también tenía baños termales mantenidos con grandes calderas. El complejo se surtía de energía eléctrica propia desde una minicentral ubicada sobre el arroyo Neil, al oeste.

La flora del lugar reúne prácticamente a todas las especies de esta zona de montaña. Es así fácil encontrar molle, patabuilla, solupe (en dos de sus variedades), mayo, que los habitantes antiguos usaban para teñir prendas de color amarillo, altepe, arvejilla, chacay, blanquilla y otras plantas.

Hay que aclarar que los nombres son los autóctonos y muchas veces no coinciden con su identificación científica. A este paisaje se agregan las “vegas” regadas donde los puesteros llevan a sus animales a la “veranada” para engorde.

Las residencias de los crianceros (puestos), que viven cerca de los arroyos y vertientes que abundan, se identifican como “lo de don Isidoro Pavés, Jorge Araya, don Romero, don Verón y muchos otros. Estos sitios son identificables desde la distancia por el conjunto de árboles que se dibujan en las laderas de los cerros.

También aparecen como pendiendo en las alturas los “riales”, pequeños refugios de piedra donde los ganaderos pasan tres meses del verano con sus cabras.

El camino que une a la cabecera del más joven de los distritos sanrafaelinos con la falda del cerro homónimo es de aproximadamente 80 kilómetros de extensión. No es asfaltado y en época de la explotación de una mina de azufre estuvo mantenido por la propia empresa “Minera de las nubes” de Sominar (Sociedad Minera Argentina), propietaria de la estancia que también lleva el nombre del distrito y que tiene una extensión de 340.000 hectáreas. Esta ruta es la provincial 220 y en la actualidad está enripiada y conserva aún los viejos carteles verticales de grueso cemento armado.

Para llegar es necesario atravesar varios arroyos, algunos secos (llevan agua sólo en épocas de lluvia). También se puede visitar de paso la laguna que lleva el nombre del cerro. En el caso de los arroyos es común escuchar nombres que la gente denomina distinto a como figuran en las cartografías y mapas. Así es que están los arroyos Freno, Malo, La Manga, el Blanco, el Bayo, Las Hormigas y el que en algunos ocasiones se torna más problemático es Las Rosas, que trae aguas de deshielo del cerro El Sosneado.

También, antes de llegar a destino, es posible observar la magnífica silueta del volcán El Overo “que hace ruido en invierno cuando hay mucha nieve”, aseguran los lugareños y al fondo, hacia la zona donde cayó el avión de los uruguayos en la década del 70, está el cerro El Rosillo (3.577 m s/nm).

Es posible visitar el lugar pero tomando precauciones. Se puede acceder en una camioneta común o en un automóvil no muy bajo y para disfrutar sin contratiempos hay que proveerse de abundante repelente de insectos. Son parte del paisaje jejenes y tábanos. Esta dificultad se sortea también programando la visita en horas muy tempranas o al atardecer. Y si la premisa es la prudencia el paseo puede transformarse en único e inolvidable. Por Carlos Simón

 

Este hotel fue construido por la empresa Cristiani & Nielsen, la misma que hizo el ferrocarril del Oeste (Sarmiento) y que actualmente tiene oficinas en Buenos Aires.
Esos terrenos son parte de unas enormes extensiones que al inicio de una serie de compras, ventas y expropiaciones, pertenecían a la Corona Británica.

El hotel funcionó a pleno en los ’30 y ’40, recibiendo clientes europeos que desembarcaban en Bahía Blanca y se dirigían en tren hasta San Rafael, (Mendoza).
Algunos incluso trasladaban sus autos.
Luego llegaban hasta el edificio (del Hotel) por sus medios o contratando el “transfer” que tenía el hotel.

Este establecimiento generaba su propia energía eléctrica por medio de una usina cuyo emplazamiento está intacto y dista alrededor de 1km. del hotel.

Durante el primer gobierno de Perón, con el cambio de las leyes sociales y de trabajo, los empleados del hotel se sindicalizaron y pidieron, entre otras cosas, cobrar todo el año.
El hotel era operativo sólo unos 4 meses de verano al año.
Se inició un juicio y se estaba llegando a la expropiacion, cuando el dueño de ese momento, una familia Romero Day (si mal no recuerdo), viendo perdida su propiedad lo desmanteló.
El resto del despojo que luce hoy lo hicieron los lugareños y visitantes, que han llegado a tomarse el trabajo de derribar paredes de hormigón armado sin ninguna otra intención aparente que destruir.

La construccion es colosal, hecha en hormigón (recién se conocía este material) y piedra del lugar perfectamente labrada.
No se usó un solo ladrillo.

Mientras funcionó, recibió personalidades muy reconocidas a nivel mundial.
Estaba incluido en la llamada “ruta imperial”, que es una cadena de lugares de vacaciones para la nobleza inglesa y los altos funcionarios de ese estado.

Susana, es la autora de la nota : comoenbotica.blog@gmail.com

FUENTE:www.losandes.com.ar