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Las Termas de Rosario de la Frontera

Publicado: 20/07/2012

Las Termas de Rosario de la Frontera buscan ubicarse entre las maravillas naturales de Salta


La “Ciudad Termal”. Este es el nombre que acuñaron orgullosos los vecinos de Rosario de la Frontera a su tierra, para presumir ante el mundo las bellezas naturales de esta región caracterizada por sus prestigiosas aguas termales. En dirección al corazón de la Tierra, circulan profundo y salvaje los torrentes que luego emergen a la superficie como oasis hirvientes, en un marco serrano con picos de hasta 2.200 metros cubiertos de verde e intensa vegetación, típica de la selva tucumano-boliviana o Yungas.

La fama de este lugar de ensueño, enclavado a tan solo 176 km de la ciudad de Salta, que hoy busca posicionarse entre las maravillas naturales de Salta, trasvasa las fronteras argentinas y se remonta a finales del siglo XIX y principios del XX. La localidad cuenta con el primer balneario de este tipo en Sudamérica. En 1984 se destacó a las aguas termales rosarinas entre las mejores del mundo, en un libro científico sobre propiedades medicinales. 
Este recurso natural ocupó, además, un rol decisivo en el desarrollo económico y cultural de la comunidad. Así lo afirma el escritor rosarino Carlos Jesús Maita, en su libro “Historia de las Termas de Rosario de la Frontera”. Se trata de una investigación histórica que devela que “el turismo en el norte del país nació en torno a las aguas termales de Rosario de la Frontera, constituidas en polo turístico con anterioridad a la Quebrada de San Lorenzo y a los Valles Calchaquíes”.

Manantial de aguas termales en Rosario de la Frontera

Las propiedades curativas y relajantes inmejorables de estas aguas comenzaron a explotarse el 1 de abril de 1880, como iniciativa del médico español Antonio Palau. El impulso dio origen al Hotel Termas. Este emprendimiento también fue pionero a nivel nacional, pues posicionó a la ciudad entre los tres centros turístico de Argentina de principios del siglo XX, junto a Bariloche y Mar del Plata.
Maita reseñó que existen documentos históricos que confirman que en 1826, ya llegaba gente de diversos puntos del país a estas latitudes en busca de las aguas termales. Aunque, hasta que llegó Palau, no hubo un proyecto con sentido turístico.
En 1875 las aguas rosarinas participaron de una exposición mundial en Filadelfia, en el centenario de la Independencia de Estados Unidos. Enterado de su existencia, Palau llegó a las Termas en 1878 para sumergirse en estas fuentes de vida, que se encontraban aún en estado salvaje, según consta en la investigación del científico Eliseo Cantón. Fue entonces que observó que el lugar podía convertirse en un punto turístico importante y fundó el primer balneario termal de Sudamérica. Y de hecho lo fue. En el pasado se convirtió en el lugar predilecto de la realeza europea, para descansar.

 Las propiedades de las aguas

Las aguas fluyen a temperaturas que oscilan entre los 26º y los 99º C. Lo hacen desde diversas profundidades, que llegan incluso hasta los 4.000 metros. La localidad cuenta con nueve manantiales, todos ubicados en el complejo Termas en cuyo predio, de más de 6.000 hectáreas, se encuentra el afamado hotel homónimo, una cancha de golf, entre otros atractivos. 
El origen de las aguas, de acuerdo a diversos estudios científicos, es meteórico. Ellas circulan a través de fallas geológicas a grandes profundidades donde adquieren las altas temperaturas, para luego ascender a la superficie formando piletones humeantes.

  Ubicación

Rosario de la Frontera es una ciudad considerada de gran valor estratégico por encontrarse ubicada entre las principales capitales de la región, ya que está a 176 km de Salta, a 136 km de San Miguel de Tucumán, 240 km de San Salvador de Jujuy y 320 km de Santiago del Estero. Pero, fundamentalmente su importancia reside en su gente, historia, cultura y, por supuesto en sus aguas, que se disfrutan aún más por el clima templado y húmedo de la zona.
Se accede a la localidad por las rutas 9 y 34, ambas nacionales y asfaltadas. El complejo Termas está ubicado a 6 kilómetro al sudeste de la ciudad.

La zona está ubicada dentro de la región fitogeográfica de la selva tucumano-boliviana, que se extiende desde las faldas orientales del cordón del Aconquija, que pasa por Orán, Tartagal y se interna en territorio Boliviano. 
La vegetación es típica de Yungas y esta compuesta principalmente por arboles de gran altura y cuyas fondas comprenden cedros, lapachos, pacaráes, cebiles, alisos, quebrachos colorados y blancos, tipas, laureles, arcas, cocuchos, mistoles, guayacanes, guayabiles, palos blancos y yuchanes.

El agua mineral, pionera en el país

Ya en 1905, la firma de la ciudad salteña de Rosario de la Frontera promocionaba el producto en Buenos Aires y vendía medio millón de botellas al año.

El agua mineral de características termales Palau es la primera de su tipo embotellada y comercializada en la Argentina, lo que convierte a este producto en un verdadero patrimonio histórico de los salteños.
En el Archivo de la Municipalidad de Rosario de la Frontera existen documentos que certifican que en 1905 la compañía, hoy concesionada, pagaba impuestos por el envío de sus productos por tren para su comercialización en Buenos Aires.
Sin embargo, de acuerdo con testimonios recopilados por historiadores de la zona, ya en 1896 el Balneario de Rosario, que dio luego origen al Hotel Termas, recibía a los turistas con una copita de este tipo de agua. Cabe recordar que otro de los emprendimientos pioneros en el rubro como Villavicencio, de Mendoza, nació en 1903 y no es termal.

Fuente El Tribuno,info Redaccion Columnista  Sr Daniel Diaz